"A propósito de las acuñaciones del usurpador Máximo en Barcino (411)" more

Published in Numisma 244, 2000, pp.43-51.

NVMISMA 244. Enero - Diciembre 2000. Año L. Págs. 43-51. Recibido el 1-3-2000 A propósito de las acuñaciones del usurpador Máximo en Barcino (411) Por Juan José Cepeda Ocampo Universidad de Cantabria (Santander) RESUMEN La apertura de una ceca en la ciudad de Barcino, en el transcurso de la efímera usurpación de Máximo, ha sido objeto de atención en los últimos años a medida que ha ido aumentando el número de monedas publicadas con su nombre. En este artículo se estudia el contexto histórico en el que se producen tales monedas, se identifican las denominaciones acuñadas y se busca una explicación a los diferentes tipos de reverso empleados. ABSTRACT The existence of a mint in the city of Barcino during the brief usurpation of power by Maximus has become a focus of attention during recent years, as witnessed by the publication of an ever increasing number of coins struck in his name. In this article, the author explains the historical content in which these coins were issued, identifies the denominations struck, and looks for an explanation regarding the different types of reverse dies which were used. * * * L A aparición reciente de un artículo firmado por Teresa Marot en el que se recogen novedades significativas sobre la acuñación y circulación de las monedas emitidas por el usurpador Máximo en Barcino me ha empujado a redactar estas páginas (1). La ocasión me ha parecido oportuna para actualizar un texto ante- (1) T. M AROT, «Algunas consideraciones sobre la significación de las emisiones del usurpador Máximo en Barcino», en R. T EJA y C. PÉREZ, (coords.), Actas del Congreso Internacional la Hispania de Teodosio, II, Salamanca, 1997,págs. 569-580; algunos hallazgos más se recogen también en T. M AROT, «La ciudad de Barcino durante los siglos V y VI: nuevas aportaciones sobre el circulante», en R. M. S. CENTENO , M. P . GARCÍA-BELLIDO y G. MORA (coords.), Rutas, ciudades y moneda en Hispania (Anejos AEspA 20), Madrid, 1999, pág. 417. — 43 JUAN JOSÉ CEPEDA OCAMPO rior aún inédito en el que abordaba algunos de los problemas históricos que siguen suscitando estas raras emisiones (2). La apertura de una ceca en Hispania en las postrimerías del dominio romano sobre sus territorios es un hecho que produce cierta sorpresa. Es bien sabido que la administración imperial no juzgó necesaria su instalación en ningún momento del siglo IV. La Península se encontraba alejada de los reclamos que durante esa centuria habían condicionado su emplazamiento, tales como la concentración de tropas, la proximidad de la corte, por citar sólo los más evidentes. Las necesidades de liquidez se veían cubiertas con los envíos procedentes de las cecas situadas en Italia y las Galias y, avanzado el siglo, con los aportes de los talleres orientales. La circulación se completaba finalmente con la afluencia indirecta de un numerario variado propiciada por la actividad económica mantenida con los puertos del Mediterráneo (3). Hispania no fue nunca un espacio neurálgico en el que se dirimieran los destinos del Imperio y, al menos en su justificación política, no necesitó de un instrumento de operatividad inmediata como era una ceca. La situación parece haber sido bien distinta en los comienzos del siglo V, durante el turbulento reinado de Honorio. Es en estos años cuando Occidente se ve quebrantado por la irrupción de los pueblos germánicos y la sucesiva desintegración política y territorial que la acompaña. Como parte del mismo proceso surge entonces toda una larga serie de usurpaciones que intentan paliar la inoperancia del gobierno de Honorio. En la coyuntura de los años 408-411 un sector importante de la provincia Tarraconense se convertirá en línea efectiva de demarcación política y una de sus ciudades, Barcino, albergará la moneta de uno de los usurpadores en liza, Máximo. TYRANNI Pocos detalles nos son conocidos del desarrollo de la usurpación de Máximo. Su proclamación como Augusto se produce a instancias de Gerontius, magister militum del también usurpador Constantino III, que controlaba desde el 407 una parte importante de la praefectura de las Galias (4). Firmemente instalado en Arlés, (2) J. J. CEPEDA, Del antoninianus al nummus centenionalis. Tesoros y depósitos monetarios en la Hispania tardorromana (260-423), Vitoria, 1996 (tesis doctoral inédita), apéndice I, págs. 348-356. (3) I. PEREIRA ; J.-P. BOST, y J. HIERNARD, Fouilles de Conimbriga III. Les monnaies, París, 1974, passim. (4) Los dos autores hispanos —Orosio e Hidacio— que informan de la situación en la Península en los dos primeros decenios del siglo, o ignoran —caso de Hidacio— o tratan escuetamente y con desagrado la usurpación (OROSIO, VII, 42, 4-5; ed. Lippold, Verona, 1976, págs. 392-394). Más completo y sin la tendenciosidad de Orosio es el relato que deriva de OL YMPIODORO (frag. 16, Müller = Blockley, Liverpool, 1983, págs. 176-179), y sirve a la Historia ecclesiastica de SOZOMENO (IX, 13; ed. Bidez-Hansen; Berlín,1960, págs. 404-405). Tratamientos recientes sobre este episodio y su contexto, E. D EMOUGEOT, «Constantin III, l’empereur d’Arles», en Hommage André Dupont, Montpellier, 1974, págs. 83-125; J. A RCE, El último siglo de la España romana: 284-409, Madrid, 1982, págs 151-162; ÍD., España entre el mundo antiguo y el mundo medieval, Madrid, 1988, págs. 68 -121; F.P ASCHOUD , Zosime. Histoire Nouvelle. Tome III 2, París, 1989, págs. 17-43; PH. W YNN, «Frigeridus, the British Tyrants and the early fifth Century Barbarian Invasions of Gaul and Spain», Athenaeum 85, 1997, págs. 69-118. 44 — A PROPÓSITO DE LAS ACUÑACIONES DEL USURPADOR MÁXIMO EN BARCINO Constantino se había hecho con el control de Hispania en la segunda mitad del año 408, tras acabar con la resistencia de los miembros de la familia teodosiana en una serie de campañas dirigidas por su hijo Constante y el propio magister militum. La traición de este último se produciría algún tiempo después, en circunstancias confusas, ligadas al proceso de descomposición de la autoridad imperial sobre las provincias más occidentales. La fecha se sitúa con posterioridad al verano del 410 (5). La rebelión de Gerontius es el hecho clave que explica la usurpación de Máximo y es comprensible que su figura haya merecido una mayor atención en el debate historiográfico. El detonante inmediato de la crisis parece haber sido precisamente el relevo de su mando militar, que habría de producirse tras el anuncio de una de las misiones de Constante en la Península. El motivo de ello, según se aduce modernamente, las suspicacias que levantó en Arlés la connivencia del general con los bárbaros —suevos, vándalos y alanos— recién llegados (6). Recientemente Ph. Wynn ha recompuesto minuciosamente el puzzle de datos fragmentarios que permiten conocer la situación de la Galia e Hispania en esta época, dando algunas interpretaciones novedosas de los textos disponibles y estableciendo una convincente ordenación relativa de sus contenidos. De su reconstrucción de los hechos se desprende ante todo la imposibilidad de deslindar el episodio protagonizado por Gerontius de la lucha de poder más general que se establece a dos bandas entre Honorio y Constantino III. Dentro de la misma, el levantamiento de Gerontius habría tenido lugar en un contexto más tardío de lo que habitualmente se supone, entre finales del 410 e inicios del año siguiente (7). No queda del todo claro en los textos si fue en el momento de conocer las intenciones de Constantino III, que había decidido retirar a su general de la misión encomendada en Hispania, cuando Gerontius toma la determinación de nombrar a Máximo, o si ello sucedió ligeramente después, coincidiendo con la preparación del enfrentamiento militar definitivo por el control de las Galias, que tendría lugar en la Viennensis. Algunas fuentes, como la crónica de Próspero de Aquitania, que señala la fecha consular del 411 (aunque utiliza un tiempo pluscuamperfecto para referirse a este hecho), o el breve comentario de Orosio sobre la sucesión de las usurpaciones en Occidente, dan apoyo a esta última posibilidad (8). En ese año Gerontius habría procedido al nombramiento de un nuevo emperador como una más de las medidas con que garantizar la estabilidad de su retaguardia. Entre esas medidas figuraba también el acuerdo pactado con suevos, vándalos y alanos, que ser(5) PASCHOUD , Zosime, cit., pág. 37:el relato de Zósimo,interrumpido poco antes de producirse el saco de Roma por Alarico (24 de agosto de 410), no habla aún de una rebelión abierta de Gerontius; cf. Z ÓSIMO , VI , 5, 2 (pasaje confuso en el que se enumeran episodios que tendrán lugar en tiempos distintos). (6) ZÓSIMO, ibíd.; SOZOMENO , IX ,12, 6 y 13,1; cf. ARCE, España..., cit., págs. 114-115. (7) WYNN, art. cit., págs. 89-99 y cuadros finales; el marco cronológico de referencia lo da especialmente la combinación de las noticias contenidas en G REGORIO DE TOURS, Historia Francorum, II, 9 (frags. 2-3 de Frigeridus) y Consularia Const., s.a. 411, sobre el sitio de Arlés y la muerte de Constantino III. (8) PRÓSPERO, s.a. 411: M OMMSEN , Chron. Min.I, pág. 466 (MGH. AA.9, reimpr Munich, 1981); O ROSIO, VII, . 42, 4. Por contra, ni en la parte conservada de Olympiodoro (frag.16) ni en S OZOMENO (IX,13,1) se distinguen ambos momentos. — 45 JUAN JOSÉ CEPEDA OCAMPO vía para reconocer su establecimiento en Hispania y sancionaba el reparto de los territorios ocupados. Tras ese reparto, el marco territorial de actuación del nuevo usurpador quedó circunscrito a la Tarraconense, en cuya vieja capital, Tarraco, instala la corte (9). J. Arce ha subrayado justamente el carácter de hombre de paja que tuvo en todo momento Máximo, elevado a la púrpura para apuntalar la posición de Gerontius en Hispania y facilitar así el asalto de éste a las Galias (10). Las fuentes señalan expresamente la dependencia clientelar que existía entre ambos y la pertenencia del usurpador al cuerpo de domestici del general (11). El desarrollo posterior de los acontecimientos muestra efectivamente que su destino estaba unido al del propio Gerontius. Una vez que éste fracasa en su tentativa de acabar con Constantino III en el sitio de Arlés y es traicionado por sus tropas en mayo del año 411, Máximo abandona su residencia en Tarraco y se refugia, sin apenas medios, en la parte de Hispania controlada por los bárbaros, tal como nos indican Olympiodoro y Orosio. El mismo Orosio da a entender que el usurpador estaba aún con vida en el momento en que escribía, el año 417. Su efímero reinado duró apenas unos meses. Tiempo después, hacia el 419,el nombre de Máximo vuelve a aparecer como protagonista de otra aventura imperial, envuelta aún en mayores oscuridades (12). De ella sólo podemos sospechar que tuvo como marco la zona peninsular controlada por los vándalos, y que contó con el apoyo de su rey Gunderico, que utilizó posiblemente su nombre como una forma legalista con la que defenderse de las campañas Romani nominis causa iniciadas por los godos de Vallia (13). Entre la fecha de la nueva proclamación y la muerte final del usurpador, situada por varias fuentes analísticas en el transcurso de la celebración de los tricennalia de Honorio, el 23 de enero de 422, en Rávena, sólo caben las suposiciones (14). La reconstrucción de los hechos admitida comúnmente, esbozada ya por O. Seeck, da poca repercusión al nuevo pronunciamiento, que habría terminado con la campaña del comes Hispaniarum Astirius en el año 420 (15). Javier Arce, por su parte, prefiere retrasar (9) HYD. 41[49] (ed. Burgess, Oxford, 1993, pág. 82); cf. M. C ESA, Impero tardoantico e barbari: la crisi militare da Adrianopli al 418, Como, 1994, págs. 142-148. El emplazamiento de la corte lo señala Sozomeno, l. c. (10) ARCE, España..., pág. 118; Máximo se convertía así en el contrapoder necesario para hacer frente a Constante, Augusto desde el 410. Constante había establecido su sede en Caesaraugusta aunque de hecho pasó largos períodos de tiempo en la Galia. (11) O LYMPIODORO (frag. 16); cf. DEMOUGEOT, art. cit., pág. 116. (12) Chron. Gallica sub anno 452, 85 (M OMMSEN , Chron. Min. I, pág. 656): «Maximus tyrannus Hispaniarum dominatum vi optinet». (13) Cf. R. SCHARF, «Der spanische Kaiser Maximus und die Ansiedlung der Westgoten in Aquitanien», Historia 41, 1992, págs. 383-384. (14) Chron. Gallica, 89: «Maximus tyrannus de regno deicitur ac Ravennam perductus sublimem spectaculorum pompam tricennalibus Honori praebuit»; la crónica del comes Marcellinus, 422, 2 (MOMMSEN , Chron. Min. II, II, MGH. AA. 11, pág. 75),incluye en los hechos a un tal Jovino, desconocido por lo demás: «In tricennalia Honorii Maximus tyrannus et Iovinus ferro vincti de Hispanias adducti atque interfecti sunt»; cf. PLRE II, Iovinus 3. (15) O. SEECK, Geschichte des Untergangs der Antiken Welt, VII, Stuttgart, 1920, págs. 63 y 398, nota 63, 17-32; ver igualmente E. STEIN, Histoire du Bas-Empire, Brujas, 1949, págs. 269 y 560, nota 77. La campaña de Astirius en la que se produjo verosímilmente su captura se dirigió contra vándalos y alanos: H YD. 66 [74]. Una vez más el obispo galaico pasa por alto la figura del usurpador. 46 — A PROPÓSITO DE LAS ACUÑACIONES DEL USURPADOR MÁXIMO EN BARCINO en uno o dos años el final de este nuevo episodio, que él relaciona con la presencia de tropas imperiales en Pompaelo, mencionadas en la epistula de Honorio del códice de Roda (16). LAS MONEDAS Las monedas que nos son conocidas con el nombre de Máximo corresponden al primer momento de su mandato, pero no fueron emitidas en su corte, Tarraco, sino en el emplazamiento más septentrional de Barcino, identificado ya por Seeck, que desarrolló las iniciales de los exergos como S(acra) M(oneta) BA(rcinonenis) (17). Actualmente, entre la cincuentena de hallazgos que han sido inventariados, se pueden distinguir tres valores distintos, uno en plata, que corresponde a la denominación más corriente en la época, que hoy llamamos convencionalmente «siliqua» (18), y dos en bronce, unidad y múltiplo doble (19). A tenor de la evidencia disponible podemos pensar que los dos primeros fueron los que se produjeron en mayor volumen (20). 1. AR. «Siliqua» (1/240 libra) Anv.: DN MAXIM-VS PF AVG. Busto barbado, con diadema de perlas, coraza y paludamentum, a dcha. Rev.: VICTOR-A AAVGGG (sic) —//SMBA. Roma sentada sobre una coraza, con lanza y victoriola sobre globo. Peso medio: 1,17 g (28 ejemplares) (21). (16) J. ARCE, «La epistula de Honorio a las tropas de Pompaelo: comunicaciones, ejército y moneda en Hispania (siglos IV-V d.C.)», en R. M. S. CENTENO, M. P. GARCÍA-BELLIDO y G. MORA (coords.), Rutas, ciudades y moneda en Hispania (Anejos AEspA 20), Madrid, 1999, págs. 461-464. (17) SEECK, Untergangs VI, cit., pág. 392, nota 44, 24. (18) El término siliqua (en griego kerátion) tuvo durante los siglos IV-V un claro sentido ponderal: fue ante todo una fracción de la libra (1/1728). Era la unidad más pequeña en la que a efectos contables se podía dividir un solidus aureus (1/24) y, por extensión, designaba también un valor equivalente al de una siliqua de oro. Es esto lo que ha hecho pensar en la existencia de monedas que, en otros metales distintos al oro, pudieran haber tenido el valor de una siliqua. Sin embargo, no existe apoyo documental firme que justifique su aplicación como forma estable a la moneda de plata. Si seguimos utilizando el término —entrecomillado— es por una mera convención numismática. Es probable que al menos una parte de los diferentes valores de plata que se acuñaron entre finales del siglo IV e inicios del siglo V, siguieran llamándose argentei o argentioli. Sobre todo ello ya se pronunció A. H. M. JONES, The Roman Economy. Studies in Ancient Economic and Administrative History, Oxford, 1971, págs. 75-76; el segundo de estos términos aparece ahora en una tablilla de maldición de la segunda mitad del siglo IV hallada en Britania: R. S. O. TOMLIN, Britannia 28, 1997, págs. 456-457. (19) Ambos se pueden identificar respectivamente con el nummus centenionalis y la maiorina/ maior pecunia mencionados en C.Th. IX, 23, 1-2. (20) A. M. BALAGUER, «Nuevos hallazgos y nueva evidencia numismática de las emisiones barcelonesas de Máximo tirano», Mélanges Colbert de Beaulieu, París, 1987, págs. 38-41; J. P. C. KENT, RIC X, Londres, 1994, páginas 150-151; T. MAROT, «Algunas consideraciones...», cit. supra nota 1, págs. 571-575. (21) MAROT, ibíd., págs. 571-572. Los ejemplares utilizados proceden en su mayoría de tesorillos y colecciones fuera de contexto. La talla de 1/240 (ca. 1,35 g) es la propuesta por J. LAFAURIE y V. LAFONT, «Argenteus de l’usurpateur Maxime trouvé près d’Argelès-sur-Mer (Pyrénées-Orientales)», BSFN, 1979, pág. 543, que parece la más verosímil, teniendo en cuenta la pérdida de peso que han podido sufrir los ejemplares conservados y el margen — 47 JUAN JOSÉ CEPEDA OCAMPO Figura 1.—«Siliqua». Gabinet Numismàtic de Catalunya 2. AE. Centenionalis (Aes 3, 1/120 libra). Anv.: DN MAXIM-VS PF AVG. Busto como el anterior. Rev.: VICTOR-IA AVGGG —//SMBA. Victoria a izq., con palma y corona. Peso medio: 2,12 g (15 ejemplares) (22). 3. AE. Maiorina (Aes 2, 1/60 libra). Anv.: DN MAXIM-VS PF AVG. Busto como el anterior. Rev.: VICTOR-IA AVGGG —//SMBA. Emperador con victoriola sobre globo, en acto de levantar a una figura femenina arrodillada. Peso medio: 4,95 g (6 ejemplares) (23). Figura 2.—Maiorina. Gabinet Numismàtic de Catalunya La escasez de ejemplares y la ausencia de variantes de exergo, sugieren que los tres valores acuñados lo fueron en una sola emisión, producida en una officina. Los anversos sólo nos presentan a Máximo, aunque la leyenda de reverso, Victoria Auggg (trium augustorum) parece indicar el interés por asociarse a los dos emperadores que detentaban el poder legítimamente el año 411: Honorio en Occidente y Teodosio II en Oriente. En su artículo, T. Marot nos señala la existencia de numerosos enlaces de cuño entre las monedas actualmente conocidas, lo que viene a confirmar que la emisión fue corta y de escaso volumen. Esta circunstancia se explica bien si consideramos el breve período de tiempo que duró la usurpación (24). de tolerancia en la acuñación. Marot utiliza un valor para la libra romana (327,45 g) algo más elevado que el que suele admitirse (ca. 324 g). (22) MAROT, ibíd. (23) MAROT, ibíd. Se conocen variantes en la leyenda de reverso con cesura VICTORI-A. Por las mismas razones antes señaladas preferimos también aquí los valores teóricos propuestos por Lafaurie y Lafont. El peso medio de los aes 2 es prácticamente el mismo que hemos obtenido recientemente sobre una muestra de piezas del mismo módulo acuñadas en Oriente por Teodosio I (393-395); cf. J.J. CEPEDA, AEspA 73, en prensa. La pérdida de peso es de un 8 por 100 respecto a la talla teórica. (24) MAROT, art. cit., págs. 575-577. 48 — A PROPÓSITO DE LAS ACUÑACIONES DEL USURPADOR MÁXIMO EN BARCINO Como todos los usurpadores previos, Máximo se debió considerar a sí mismo el justo sucesor de un «tirano» —en este caso Constantino III— por lo que las monedas hablan fundamentalmente de su legitimidad e integración dentro del sistema imperial. Para ello se sirve de una imaginería conciliadora que se inscribe perfectamente en la tradición numismática de los emperadores precedentes y contemporáneos. Vemos así que el motivo empleado en los reversos de las «siliquae», con Roma sentada, es el mismo que aparece en las series anteriores de Honorio, con la leyenda Virtus Romanorum, inmovilizado en Occidente, con ligeras variantes, desde el acceso de Teodosio en el 379. La versión que encontramos en Barcino deriva directamente de la utilización que de este tipo hace Constantino III en las Galias a partir del 408, con la leyenda Victoria Aauggg, que se adaptaba mejor a la conflictiva situación contemporánea (25). En el caso de Máximo, la decisión de emitir la denominación de plata debió haber estado determinada además por la necesidad de contar con un instrumento de pago con el que sufragar los gastos militares causados por el enfrentamiento con Constantino III. Sabemos, en efecto, que en el momento de producirse la rebelión de Gerontius estaba acantonada en Hispania la mayor parte de los efectivos militares de que disponía aquél: tropas salidas de Britania en el 407 y auxiliares germanos reclutados en la frontera del Rhin (26). No es aventurado suponer que los valores de plata fueran utilizados en el transcurso de la propia aclamación de Máximo, como parte constitutiva del tradicional donativum de acceso. La presencia de signos claros de recorte y refilado en una parte importante de los ejemplares publicados nos sirve también para reconocer un rasgo que es característico del numerario utilizado en los lugares de procedencia de las tropas del usurpador, que se ha relacionado con una tradición de origen bárbaro en el uso de la moneda de plata (27). Los aspectos más llamativos de la amonedación de Máximo no se reconocen sin embargo en la plata, sino en las denominaciones de bronce. Es en ellas donde encontramos la retórica más explícita de la usurpación. En principio, en los dos valores acuñados se reconoce la influencia de la serie de aes 4 Victoria Augg(g) producida abundantemente en las cecas occidentales entre 388 y ca. 397, cuyo estereotipado reverso encontramos ahora casi literalmente transpuesto en el aes 3 (28). El aes 2 presenta, por el contrario, aspectos novedosos respecto a lo que había sido la política monetaria desarrollada en Occidente por Honorio. Desde el 395 (CTh. (25) Cf. C. E. KING, «Fifth Century Coinage in the Western Roman Empire: the Usurpations in Spain and Gaul», en Mélanges P. Bastien, Wetteren, 1987, págs. 285-295. (26) WYNN, art. cit., nota 4, págs. 94-96. (27) Cf. G. DEPEYROT, «Le système monétaire de Dioclétien à la fin de l’Empire romain», RBN 138, 1992, pág. 91. Hay que subrayar los paralelismos con Britania, ya que es precisamente en la isla donde se documenta la más alta concentración de depósitos de «siliquae» (KENT, RIC VIII, pág. 75; C. JOHNS y R. BLAND, «The Hoxne Late Roman Treasure», Britannia 25, 1994, págs. 166-168). La aceptación de los valores de plata entre los federados germanos del usurpador encuentra refrendo posterior en las acuñaciones del suevo Requiario (Braga, 448-456) y las vándalas africanas, posiblemente iniciadas poco después de la muerte de Honorio; cf. KENT, RIC X, págs. 222-232. (28) Como en las «siliquae», el modelo inmediato fue la amonedación de Constantino III, del que se conocen aes 4 con este tipo y con la marca de Lyón; P. BASTIEN, Le monnayage de l’atelier de Lyon. Du règne de Jovien à la mort de Jovin (363-413), Wetteren, 1987, pág. 74. — 49 JUAN JOSÉ CEPEDA OCAMPO IX, 23, 2), en la parte central del Imperio sólo se admitían como piezas de curso legal los aes 3 y aes 4, cuyo patrón marca además las acuñaciones efectuadas por Honorio en la ceca de Roma y en las más esporádicas de Aquileya, Lyón y Arlés (29). Se ha señalado repetidas veces que el testimonio que aportan los llamados tesoros teodosianos permite determinar que en una amplia parte de la Península los patrones de circulación eran sensiblemente distintos de los que podrían esperarse de una estricta aplicación de la desmonetización del 395, y que el aes 2 siguió siendo utilizado con posterioridad a esa fecha. De la misma manera que observamos cómo los bronces de Honorio apenas alcanzaron el suelo hispánico, tampoco parece que llegaran a ser efectivas las nuevas premisas sobre la circulación que emanaban de la cancillería occidental. Con la elección de dos nominales, uno de ellos claramente calcado sobre el modelo de la maior pecunia de los años 379-395, Máximo se adapta por tanto a lo que debía de ser el patrón de uso monetario más común en la región en la que instala su corte y su ceca. La elección del tipo con que se acuña la maiorina tampoco fue caprichosa: abandonando las representaciones del emperador con estandarte, que habían sido el elemento reconocible de las últimas producciones teodosianas llegadas masivamente a la Península, el usurpador recupera el tipo elocuente del emperador que levanta a una figura femenina arrodillada, representación de la Res Publica, que había sido ampliamente difundido por las monedas de peso y módulo semejantes acuñadas por Graciano y Magno Máximo con la leyenda Reparatio Reipub. El tema de la «reparación» resurgía así en el contexto de una usurpación (30). Un aspecto que ha llamado frecuentemente la atención es la situación de la ceca de Máximo, en una ciudad distinta de la elegida para establecer su corte. En esta localización pudo influir el hecho de que Barcino se encontrase más próxima que la capital de provincia a la zona en la que se proyectaban las aspiraciones territoriales de Gerontius: los pasos pirenaicos orientales y las provincias del mediodía galo, en las que se produciría la captura de Constante (Vienna) y el sitio de Arlés. Las monedas parecen, de hecho, haber circulado preferentemente en esta dirección; junto a los hallazgos que se han producido en la ciudad de Barcelona, éstos se concentran en la moderna provincia de Gerona (tesoros de «siliquae» del Gironés y La Fonollera) y alcanzan tímidamente el Rosellón francés (31). La ceca se configuró con los esquemas propios de una moneta publica, lo que resulta apreciable tanto en la elección de las denominaciones emitidas como en la (29) Vid. J. P. C. KENT, «The fifth century coinage of Honorius in Italy and Gaul», RIN 90, 1988, págs. 282288. (30) La figura arrodillada muestra su homenaje al emperador coronado y victorioso, restaurador del antiguo orden personificado en esa misma alegoría de la Res Publica. Sobre la creciente importancia de esta escena en la iconografía monetaria bajoimperial, vid. especialmente K. J. SHELTON, «Usurper’s coins: the case of Magnentius», Byzantinische Forschungen 8, 1982, págs. 228-232. (31) MAROT, art. cit., pág. 572 y mapa adjunto. 50 — A PROPÓSITO DE LAS ACUÑACIONES DEL USURPADOR MÁXIMO EN BARCINO filiación del exergo utilizado (32). Éste adoptaba una forma similar a la que encontramos en las mismas fechas en Roma (S[acra] M[oneta] ROM[ana]) y Arlés (S[acra] M[oneta] AR[elatensis]). Las monedas de plata carecen además de las marcas PS, PV (pusulatum), que son propias de los ejemplares con un alto grado de pureza metálica producidos por los talleres bajo control directo del comitatus imperial. La ausencia de acuñaciones en oro apunta en la misma dirección. No obstante la reserva de J. Kent sobre la posible existencia de solidi a nombre de Máximo todavía no localizados, lo cierto es que su ausencia sorprende menos si consideramos las características del taller (33). Marot ha destacado algunos de estos rasgos a través de su reflejo en las propias monedas: mala calidad de la plata empleada en las «siliquae», errores en la composición de las leyendas de reverso y utilización de flanes de diámetro inferior al de los cuños. Todo ello nos habla del carácter improvisado y apresurado con que se produjo el numerario y seguramente también de la falta de un adecuado suministro de metal. Precariedad comprensible dentro de lo que era una solución de emergencia, pero también fuente segura de desconfianza y quién sabe si descontento entre los eventuales receptores de la moneda (34). (32) Desde los años 368-369 al grupo de cecas definido por M. HENDY como de «ámbito diocesano», heredero del modelo tetrárquico de talleres regionales, se superpone un grupo muy reducido de cecas comitatenses, especializadas en la producción de solidi. Su localización coincidía normalmente con la residencia del emperador; M. HENDY, Studies in the Byzantine Monetary Economy c.300-1450, Cambridge, 1985, págs. 378-393. (33) KENT, RIC X, pág. 150. (34) Es sugerente al respecto el comentario de M. CESA, Impero tardoantico..., cit., pág. 144, sobre las causas de la deserción de las tropas de Máximo y Gerontius tras el sitio de Arlés, entre las que pudo estar la dificultad de efectuar los pagos debidos. Olimpiodoro (frag. 16) es la única fuente que se detiene sobre este particular, pero sólo señala como causa la excesiva severidad del general. — 51
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